martes, 13 de abril de 2010

UNA ISLA DE BASURA SE DESPLAZA EN EL OCÉANO INAUDITO

El desprecio con el que el hombre trata a su propio hogar crea monstruos increibles. Un grupo de científicos y ecologistas ha encontrado en medio del océano Pacífico, a 1.000 kilómetros de Hawai y a cientos de cualquier frontera nacional, una isla de basura que, calculan, puede alcanzar tener el triple del tamaño de España, una extensión de casi 1,7 millones de kilómetros cuadrados. Y sigue creciendo. Los desper,dicios humanos se agrupan en un remolino gigante provocado por la fuerza de los vientos y las corrientes que actúan en la zona. Al parecer, el vertedero flotante no es el único que existe disperso en los océanos del planeta. Los investigadores creen que hay cuatro más de dimensiones que asustan.



Esta verdadera vergüenza que denuncia la falta de respeto del hombre hacia la naturaleza se descubrió de casualidad por el oceanógrafo norteamericano Charles Moore, mientras realizaba una competición de veleros en el año 1997.

La isla de basura se formó en el Giro Pacífico Norte, formado por las corrientes Norte Pacífica, California, Norte Ecuatorial y Kuroshio. Es una enorme “sopa de basura gigante”, y su extensión no se conoce del todo, aunque se dice que tiene dimensiones semejantes a las de la Península ibérica.


La isla sucia del Pacífico está compuesta por todo lo imaginable: bombillas, tapas de botellas, cepillos de dientes, objetos procedentes de las alcantarillas, boyas, aparejos y redes de pesca... Destacan sobre todo las pequeñas piezas de plástico, un material ligero y duradero que además está omnipresente en las sociedades modernas. Curiosamente, el plástico se ha dividido en millones de pequeñas piezas, algunas del tamaño de un grano de arroz. Es muy parecido al efecto que ejerce el mar sobre las rocas y la arena de la playa, pero, obviamente, sin pizca de belleza y mucho más lamentable.

TOXINAS ACUMULADAS

El detritus no sólo contamina las aguas, sino que también envenena a los peces, que ingieren las partículas de plástico más pequeñas. Los científicos de la Fundación de Investigación Marina Algalita han encontrado las mismas sustancias químicas que componen el plástico en los tejidos de los peces. Cuando un depredador, ya sea un animal más grande o el ser humano, se come el pescado contaminado, las toxinas pueden ser transmitidas y acumuladas en el cuerpo.



La isla de basura descubierta casualmente por el capitán Charles Moore hace ya una década, cuando volvía de una competición de vela en Hawai, no tenía este tamaño. El pasado verano volvió al lugar acompañado de tres organizaciones independientes de investigación para comprobar cómo se acumulaba la porquería. Uno de ellos, el proyecto Kaisei, con sede en San Francisco, se ha comprometido en la búsqueda de una manera de limpiar el parche. La montaña de basura se ha hecho tan popular que algunas figuras de Hollywood como Edward Norton o Ted Danson colaboran con organizaciones conservacionistas en la lucha por proteger los oceános y contra estos fenómenos. Moore cree que existen islas parecidas en los Sargazos, el Atlántico y la costa de Japón.

EL ESPECTADOR UN PERIÓDICO CON CONCIENCIA VERDE


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